
a su alma confesó que la suerte le era esquiva
que un dado mal lanzado provocaba el quiebre
que los milagros eran puras utopías.
Se vistió de luto y de sueños sin futuro
emprendió el camino que arreico fenecía
olvidó recuerdos, sentimientos e ilusiones
sembró el pecho de gruesas espinas.
Suspendió la mente de un hilo delgado
en amnesia infinita clausuró las puertas
enclaustró su cuerpo en cofre sin llaves
y cerró los ojos para no estar despierta.