
como si el ahora y el después se exiliaran del ayer,
prolongar la agonía del deseo esperanzado
sabiendo de antemano la frustración en que caerá.
Cada paso dado, cada escena del tiempo que se nos presta
semeja un calco, una sombra de lo que otros vivieron
sin embargo ¿Por qué será, entonces, que se siente
el novísimo efecto del ser original?
y no copia de otro que nos sueña/y roba nuestros actos.
Cada palabra emitida lo ha sido ya,
el aire inspirado: que otros inspirarán,
el abrazo cierto, la experiencia del amor,
el duelo ante la muerte, la guerra, la angustia.
Hueca sombra de lo ya hecho:
nuestros actos se rebelan al destino,
se yerguen enhiestos, decididos
a ser estreno de toda acción.
Y los dejamos,
los liberamos-impulsamos a la vorágine de los días
que faltan por estrenar/re-usar
sin volver la mirada como Lot:
tal vez así, no se conviertan en sal.