
toda ella era una llaga viva
seis eternos años habían apresado sus sueños
y carcomido su existencia.
Negros cabellos convertidos en mortaja
coronaban los despojos de la mujer que había sido,
Huracán convertido en brisa,
orgullo femenino reducido a la mínima expresión
de supervivencia,
liderazgo sometido a la humillación
de quién todo ruega
para continuar un día más...
Las cadenas de la selva
lastimaban mucho más su alma
que su carne,
en tanto su suerte se jugaba
en escritorios de burocrático ritual
a la espera de la conquista feudal
que la liberase-encarcelase
de los fantasmas propios y ajenos.